Hoya del Dobra

Recodo y pozo del río Dobra (Cangas-Amieva, Asturias), cerca de su desembocadura

La Hoya de San Vicente

La Hoya del Dobra, u “Hoya de San Vicente,” constituye el término de un paseo de ribera por la margen derecha del río Dobra durante los últimos kilómetros de su curso, antes de la desembocadura en el Sella.

El camino es llano y cómodo en su primera mitad. La segunda parte discurre por un suelo que requiere calzado apropiado, justo hasta el recodo y pozo que se nombran como “hoya”.

La duración del trayecto no llega a una hora (dos entre ida y vuelta), entre el Bar Puente Dobra, al pie de la carretera nacional, a unos 5 km de Cangas de Onís, y los prados de La Hoya.

En temporada suele estar muy concurrido, y con pocos sitios para dejar el vehículo. Un puente de factura medieval, muy cerca del comienzo, y los diversos pozos de agua clara, flanqueando los prados del camino, constituyen buenos motivos para recorrer la ribera del río que lleva una antigua raíz indoeuropea, ligada al agua (*dubron), en el nombre.

Camino de La Hoya

Gonzalo B.

El Xibil, bucólico*

El Xibil es el nombre de un prado entre los prados. Se abre hueco sobre la margen izquierda del río Dobra, en el camino que lleva a La Hoya de San Vicente, concejo de Cangas de Onís. Al otro lado del agua ya es Amieva, porque todo el cauce va separando ambos concejos desde sus tramos más altos, en el sitio que llaman La Mecedura por ser allí donde se mezclan diversas aguas.
Pero al Xibil lo baña ya un caudal de bajura, muy cerca de la confluencia con el río grande, el que desde el puerto del Pontón se conoce como Sella. Por eso es tan fértil el prado, por haberse logrado con todo el arrastre que El Dobra trae de la caliza y que se deposita ahora, aquí abajo, en una de las cangas más francas de la desembocadura.
El suelo del Xibil alumbra también una feraz pomarada. Ahora, que es mayo rabioso, juntan flor y hoja los manzanos, y unos cuantos corderos para los que comienza el año con el mes, arrancan las yemas de la pastura entre leche y leche, con carreras que no rompen el hilo invisible de sus madres, ovejas a escasos metros de los recentales con demasiada lana quizá para las tardes de calor.
El camino flanquea todo el prado como si fuera una vida, que a veces discurre amable, lineal, amojonada por días regulares. En la moderada muria del Xibil, las lagartijas esquivan el musgo que tamiza los cantos porque prefieren emparedarse de calor. También consisten en apartarse del pisar grijoso, el que desprenden por aquí los caminantes -y los amantes- a su regreso de La Hoya. O paraíso.

* Bucólico, en griego, es todo aquello relativo al pastor. Aquí una prosa poética.

Prado de El Xibil, en el camino a La Hoya

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